Tercera Versión del Suceso en Cananea, Son.
A 98 años de Cananea
Uno de los momentos fundacionales del sindicalismo mexicano, fue sin duda alguna la huelga de Cananea. Ella refleja la influencia del pensamiento anarco-sindicalista de Ricardo Flores Magón y otros militantes anarquistas, al mismo tiempo que muestra el complejo desarrollo de la conciencia sindical y la lucha por conquistar los derechos fundamentales de la clase obrera.

A la huelga de Cananea la anteceden otros movimientos que desde el último tercio del siglo XIX se desarrollaron sin mucho éxito, el surgimiento de la corriente liberal magonista en 1901, la publicación del periódico Regeneración, que tan importante papel desempeñó y el surgimiento de la junta organizadora del Partido Liberal Mexicano que, desde St. Louis Missuri, coordinó la creación de los círculos liberales, dos de los cuales surgieron en Cananea.

En 1906, Cananea era una población minera en la que laboraban 5,360 trabajadores mexicanos que ganaban en promedio $3.50 pesos y 2,200 obreros extranjeros que ganaban 5 dólares.

Las agotadoras jornadas de 10 y 12 horas, las condiciones insalubres, la carestía de la vida y la marcada discriminación y maltrato a los trabajadores mexicanos, fue el terreno propicio para que prendieran las ideas magonistas.

Los primeros militantes que dieron a conocer el periódico Regeneración entre los mineros fueron: José López, Enrique Bermúdez y Antonio de P. Araujo. Su actividad los llevó pronto al exilio. Sin embargo, dejaron la semilla que unos meses después, en enero de 1906, rendiría sus frutos con el surgimiento de la “Unión Liberal Humanidad”, dirigida por Esteban Baca Calderón y Manuel M. Diéguez; el primero, un anarquista que entendía que la lucha no sólo era económica, sino política y, el segundo, de tendencia socialista que abogaba por métodos pacíficos y legales para la lucha.

Unos meses después, en otra localidad de Cananea, surgió el “Club Liberal de Cananea”, dirigido por dos destacados magonistas: el Lic. Lázaro Gutiérrez de Lara y Enrique Bermúdez.

La celebración patriótica del 5 de Mayo fue la tribuna que Esteban Baca Calderón utilizó para arengar a los obreros a luchar por mejorar sus condiciones de vida y de trabajo. Las autoridades temerosas impusieron la Ley Marcial.

Los trabajadores se reunían miércoles y viernes por la noche para preparar las peticiones que harían y la huelga. Entre otras, las principales eran la jornada de 8 horas, el pago de 5 pesos por día, el cambio de capataces para que se les tratara bien, etc. Las peticiones fueron presentadas a William Greene, dueño de la empresa, quien, junto con las autoridades, las rechazó.

Los obreros se reunieron en Pueblo Nuevo y decidieron la huelga para el 1° de junio de 1906. Así, en las primeras horas, al cambio de turno, las actividades fueron suspendidas. Las autoridades y los patrones siempre estuvieron alertas y vigilantes de todos los movimientos que realizaban los obreros (a través de soplones).

La comisión negociadora de los obreros se reunió con la patronal a pactar, después de varias horas, todas las peticiones fueron rechazadas; otra fracción de los obreros, que planeaban dinamitar la casa de Greene y otros lugares estratégicos, habían sido delatados y no pudieron concretar la acción.

Ante esta cerrazón, los obreros concentrados frente a la mina iniciaron una gran marcha hacia las otras localidades de Cananea, para que se les unieran los trabajadores de las otras minas, la población aclamó la marcha, los obreros se fueron uniendo hasta rebasar los 3,000.

Atemorizados, los patrones se refugiaron con las autoridades y se pertrecharon en el Palacio Municipal. La marcha pasó por la maderería en donde serían recibidos agresivamente por los hermanos Mecalf, encargados de ese departamento, con chorros de agua y con balazos que dejaron 3 muertos y varios heridos. La masa enardecida linchó a los Mecalf y prendió fuego a la bodega. Marcharon hacia el Palacio Municipal, ya el Gobernador Izabal con 275 rangers norteamericanos esperaba a los huelguistas y los guardias rurales se aprestaban a la matanza, que comenzó cuando la marcha estuvo a la vista; algunos obreros consiguieron armas y enfrentaron en gran desventaja a los represores, muertos, heridos, desaparecidos, y los principales dirigentes encarcelados, Rodríguez de Lara y Bermúdez, que fueron detenidos, lograron escapar; Esteban Baca Calderón y Manuel M. Diéguez fueron enviados a San Juan de Ulúa, junto con otros obreros.

Los obreros fueron obligados a regresar al trabajo sin cumplir ninguna de sus demandas. Aunque cabe aclarar que el atemorizado patrón quiso acceder a satisfacer algunas demandas para calmar los ánimos, pero las autoridades se lo prohibieron.

El inicio de las luchas obreras en el siglo XX auguraban el difícil camino que el proletariado mexicano debía recorrer para alcanzar sus conquistas. Hoy debemos recuperar el espíritu de lucha y la firmeza de los mineros que protagonizaron la huelga de Cananea, para defender nuestras conquistas y ampliar nuestros derechos.

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